miércoles, 28 de enero de 2015

El exilio del ángel.



Y permaneció allí, tan quieto ,
apenas si asimilaba lo que le estaba pasando,
¡tantas imágenes se sucedían en tan veloz tiempo!,
en su tremenda necesidad de respuestas,
trataba inútilmente de comprender que demonios hacia
con ese cuerpo , y que hacían con el suyo,
se sintió sin duda, como un calcetín en la centrifuga
de una lavadora, preso de tremendas fuerzas
que no lo conducían a nada, o al menos, al
final comprendía que la situación se asemejaba
ciertamente, a las fétidas heces succionadas
por el agua , con rumbo hacia el mas vil
y miserable destino que ni siquiera,
el mismo infierno podría igualar...

ya su alma destruida, muerta,
no reconocía, como un ente sin nombre
rumiando soledades...

J.T©


...Visiones...



martes, 13 de enero de 2015

03:15 AM

03:15 AM

Mientras tanto, 
allá afuera, permanecía el feroz viento que aullaba, 
como lobo a las estrellas del infinito...

luego, rompí la quietud de aquella inexorable superficie de silicio 
con el fugaz destello de mis lagrimas, 
al caer en silencio, 
al rincón mas apartado y vació de mi corazón.

Así , en la eterna noche,
aguardaba a que saliera el sol...









martes, 19 de agosto de 2014

De agosto...



La presencia.

Ya son las doce de la noche, de nuevo el extraño ruido bajo las escaleras,
es como si alguien subiera y bajara muy rápido,
no quiero ir a ver  qué es lo que pasa se me ocurren cosas como: -esta casa es vieja y ruidosa o mi mente me está jugando una broma- , de todos modos no deja de inquietarme entonces enciendo las luces, y en un solo y vertiginoso  acto de valentía salgo catapultado, para darme cuenta que no hay nada en absoluto…

De vuelta a la recamara, casi tan pronto como apague las luces, escucho esta vez una risa graciosa  macabra que se acerca, un temor paralizante me envuelve en una fría y silenciosa desesperación
-no hay nadie más aquí, todo tiene una explicación lógica- me repito de nuevo – tapándome hasta la coronilla, inmóvil, al parecer una de mis escenas favoritas de terror estaba teniendo lugar en mi propia casa y con migo como actor principal, cada hora del reloj se alarga demasiado, el sueño salió espantado por la ventana sin querer volver, en la  tensa calma de la habitación, espero a que amanezca y la luz invada este lugar, llevándose a los fantasmas a sus moradas congeladas, grises…


El camino.

Acostumbraba pasar con su perro por ese sendero al parecer poco transitado y solitario la mayor parte del tiempo, esto solía hacerlo al caer de la noche cuando recién salen las primeras estrellas, si bien pareciera interesante, por este sitio fallaban las luces y al mismo tiempo los arbustos se movían como si alguien se tratase de ocultar, el siempre sentía una mezcla de emoción y sospecha, que no era mayor porque iba acompañado de su mascota fiel , el camino era largo con parajes oscuros donde eran frecuentes las “ sorpresas ” , se daban cita los clandestinos, los señalados,
allí ninguno se fijaba en el otro.
Así mismo él era bienvenido, un nadie más, por eso regresaba y también se quedó…


Jairo Trujillo©




sábado, 9 de agosto de 2014

Los otros.



Los otros.


Al apagar las luces del cuarto
me invaden por todas partes,
son ellas, acuden en penumbras espectrales
deslizándose por las paredes blanquecinas y frías,
a veces les temo, otras no.

Provienen del mundo de los espejos,
ven directo al corazón a los mortales
manteniéndolos presos de sus cristales,
eso es lo que dicen siempre
antes de irse succionados
por el vórtice más negro y vacío,
de regreso al infiero.

Jairo Trujillo©




Humano.



Humano.

No me he olvidado de mí,
no me he convertido
en un hierro oxidado,
una dura coraza
como quien no siente…
Tengo un blando corazón dentro
que no ha desfallecido,
él vuelve a inventar amaneceres,
a mirar un nuevo cielo desprevenido
dibujando una sonrisa,
incluso para los demás
aunque alguna vez convenga el antifáz.
Voy caminando a paso justo
como para contemplar
las bellezas de esta vida,
que en cambio sí es corta
y va a toda máquina,
llevándose mi aliento enseguida
mi llanto y mis mañanas desgastadas.


Jairo Trujillo©